luis aura  •  poemas o menos

culpables

octubre 1996

la culpa es de los dos
por enamorarnos
distraídos
de repente
en cinco o seis miradas
al primer beso
después de una semana
en la novena noche
en la innumerable cama

la culpa es tuya y mía
por enamorarnos
a ciegas
suponiendo
posible un gran amor
perfecto sin fallas
ni escondites ni esquinas
un amor cien por ciento
amor sin rosas ni espinas

la culpa es de ambos
por enamorarnos
vestidos
prisioneros
del saco y la corbata
de la falda y los tacones
del camisón y del piyama
haciendo el amor a gritos
con la puerta cerrada


Creo

Septiembre, 1996

Creo en las balas de plata
y los hombres lobo,
en las estacas al corazón
y los chupasangre que duermen en el lodo.
Creo en este amor gigante que no me tienes
ni me tendrías aunque dirigiera las inexpertas
naves de mi poesía contra ti, acorazada.

Creo en los argumentos de la fe
y los granos de mostaza,
en los ángeles del fin del mundo
y la ira de Dios y su venganza.
Creo en este amor gigante que no me das
ni me darías aunque tuvieras la esperanza
de mi poesía volcada en ti, desconsolada.

Creo en la negra dirección de tus ojos
y el destino final de su mirada,
en el incierto rumbo de tus pasos
y la pista de sangre en su batalla.
Creo en este amor gigante que no me crees
ni me creerías aunque explicara la intención
original de mi poesía sobre ti, articulada.


27

Estoy hasta la madre
de perder en los penales,
de buscar en los finales
un premio de consolación

Estoy hasta la coronilla
de malgastar así la vida,
de perseguir a escondidas
lo que ya se me escapó

Estoy hasta el cansancio
de olvidar las contraseñas,
de perder las cosas buenas
esperando comprensión

Estoy harto de estar harto,
de sufrir hasta el infarto
mentiras y malos modos,
abrazos llenos de traición

Si no te gusta lo que ves
Si no me quieres como soy
Apaga ahora la luz y vete
No soporto más tu orgullo

Ya no tengo nada tuyo
Sigo solo, me has dejado ir
Me has declarado libre
al cumplir los veintisiete


Hogar

Octubre, 1996

Ahí estabas tú,
hecha de todas las preguntas
y todo el humo del meteoro,
y de toda la incertidumbre
que se come a cucharadas.

Ahí estabas tú,
bailando definitiva
en el filo de la espada,
o en la cornisa del viejo
edificio desmoronado.

Siempre habías estado ahí,
contra la columna del tornado
sosteniendo la casa:
escuadra, pilar, viga,
construcción abandonada.

Siempre habías estado ahí
y yo no me daba cuenta,
o no quería darme cuenta.
Me acostumbré tanto a ti:
hogar, vaso de agua, cama lenta.


Esposa

Sabes que sólo
me preocupan
tu corona
y tu salud,
tus manos maltratadas
por el zacate y por la escoba,
tus párpados sin sombra,
tus ojos de misterio.
Porque por ti
entra el sol en las ventanas
y se inunda en luz toda la casa,
y no mueren ahogados
los claveles cortados
hace una semana.
Sabes, bien que sabes
cómo me preocupa
que no te apagues nunca,
que no me dejes nunca,
que no te canses,
que no te huyas.
Sabes, bien que sabes
cómo me preocupa
seguir siendo el que quieres,
seguir siendo tuyo:
esposa, esposa, esposa.


Calvario

No hay madero sin cruz
Ni clavo sin sangre
Ni frente sin espinas

No hay costado sin herida
Ni milagro sin pecado

Cada tarde es un martirio
Cada palabra
Cada paso

Ni la fe
Ni el amor

Sólo salva el sacrificio


Saledad

Una sola ola es todo el mar.
Siendo joven, una sola ola dulce eres.
Todo el mar salado y viejo.
La sal es edad.
Sólo da sabor el tiempo.


Otra paloma violeta

Para Alejandro Aura

De Teloloapan a Alcoy,
de Coyoacán hasta Alicante.
Más poeta que cantante,
el Hijo del Cuervo no soy.

Podría visitar el parque
de la paloma violeta.
Los mutantes en la glorieta
no pagamos embarque.

Asombro y curiosidad
por los abuelos de mi sangre,
ni guerra ni hambre
los partieron por la mitad.

Sin embargo, nace un asesino
entre palomas blancas.
Un criminal junto a una santa,
un suicida azul marino.

Tengo un alacrán en la garganta
y a España en el corazón.
El primero envenena mi perdón,
la segunda sólo canta.


el loco

este soy yo
el loco
mordelón de las uvas y tus labios
el demente
que más trabaja en lunes
el vagabundo
con ángeles pasajeros en la cartera
y una lengua desenrollada
para enrollarte como manguera

soy aficionado
a los chicles sin azúcar
y las travesías de comedia
por el mar teatral entelonado
que no sabe nada
de tus uñas cortas
como lunas cortas
en los dedos que yo amo

persigo el sol
que insiste en acomodarse
por tu nuca
para apagarlo suavemente
con mi aliento
pero me distraigo
tocando tu cintura
columna de humo
carne de espuma
y presumo
este amor violento
con el entusiasmo
de una bandera
agitada por el viento


Mediasemana de impaciencia

Hoy no te veré.
Ni mañana
ni ayer tampoco.
Por qué
tanta impaciencia
ensuciándome
tan fácil el alma?
Voy a conseguirme
un simulacro tuyo
de la más alta tecnología:
un androide pequeñito
que te sustituya,
metafóricamente hablando,
en los días horarios
como éste,
que separan
a las personas buenas
como nosotros:
amantes, novios, asalariados.

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