luis aura  •  poemas o menos

Filósofa

Octubre, 1996

No creas en la exclusividad del amor, decía.
Tus celos son irracionales y necios, mentía.
El amor no es un proyectil único y objetivo
atravesando completamente dos corazones.
El amor es un terrorista loco disparando
ráfagas de balas en todas direcciones.
El amor es simultáneo a los quehaceres de la vida.
No dejas de amar mientras comes o trabajas
o descansas. Entonces, por qué ibas a dejar
de amar mientras amas?…

(y explicaba
y explicaba
pero yo no
entendía nada,
suspendido
continuaba
contemplando
su cara
concentrada)

…El amor es de todos y para todos.

Reflexionando de esta manera me dedicaba
una de esas desarmadoras sonrisas suyas
para curar mi orgullo herido
cuando besaba a todos como una carambola
o se enredaba en una voltereta de carne
con su novio del domingo.

Y aunque me esforzaba yo no comprendía su filosofía:
ella, propagandista del amor, catedrática del deseo,
para mi sólo reservaba meditación, palabras y teoría.


Rinconera

Rinconera.
Señora de los ángulos entre las paredes.

Estoy en el último espacio de la casa, esperándola.
Donde nunca tienen luz, donde se elabora el polvo,
donde no llega la escoba ni la aspiradora;
estoy esperándola.

En el santuario de las eternas telarañas,
en el barrio bravo de los escarabajos y los ratones,
en el suburbio de las multimillonarias cucarachas;
estoy esperándola.

Rinconera.
Señora de los ángulos entre las paredes.

Estoy en la última escuadra múltiple,
en el último lugar del mundo,
en la última frontera de sus dominios,
en el último refugio romántico de los salones;
estoy llamándola, esperándola.

Rinconera.
Señora de los ángulos entre las paredes.
Cuando este amor acabe
con violencia o diplomacia,
en un día o en un mes o una semana:
no deje piedra sobre piedra
en mi corazón de muro.
Destruya todos los rincones del planeta
para no seguir llamándola, esperándola.

Señora de los ángulos entre las paredes.
Rinconera.


¼ de siglo

Los días interminables
insisten
siguen
gotean
Perforan la roca que creemos ser
Golpean la carne débil
la pobre fruta sin cáscara
ni flores que somos

Vienen los días futuros
bajando en un río negro
desde la cumbre de una
montaña oscura

Los días interminables
corren
destruyen
y no vuelven

Caminamos sobre el agua amarga de los días
con los brazos extendidos balanceando
una espada y un reloj en cada mano

Las mujeres y los hombres
insisten
siguen
Interrumpen
el tiempo
las horas
los días
Sobreviven
cuando se aman
juntos
interminables


Sueño

Septiembre, 1996

Me tiemblan tanto las manos.
Nunca lo hacen. Será porque pienso en ti.
Veo tu cinta para el pelo tantas veces
reacomodada durante el día.

Quisiera escribir un poema con rima.
Pero no puedo.
Quisiera escribir:
“Eres tan bonita como los botones apretados de una rosa”.
Pero no puedo. Aunque es verdad. No puedo.
Disculpa.
Estoy drogado de tanto chicle sin azúcar y agua
y pastillas de miel cortándome el paladar.
Tengo la boca completamente olvidada y los dientes sucios.
Me derrumbo. Imito a las paredes de mi casa
con los ladrillos sangrando sal de tan viejos.

Mejor voy a dormir.
Voy a contar tus pestañas mojadas.
Lloras tanto a veces.
Parte el alma verte así, tan de luto,
y no ser lo suficiente para brindar consuelo.

Mejor voy a dormir.
Le pediré consejo a la mullida sabiduría de mi almohada.
Ella sabe de todo. Es una gran filósofa y tiene más plumas
que toda una familia de patos.
Mejor voy a dormir.
Ojalá te vea mañana.
No me gusta extrañarte a diario. Es incómodo.
Buenas noches.
Te quiero.


Your immortal

No hay finales felices
cuando lo que termina
te quema el corazón.

Seguirás siendo en mi vida
llama de sangre encendida.
Inmortal desvío de la razón.

Me dueles en todo el cuerpo
porque no eres capaz de ver.
Mi alma herida te necesita.

Tienes todo de mí, todavía,
y otra vez todo te lo daría,
por repetir esta historia,

por engañar a la memoria,
y volver a ser algun día
lo que llegamos a ser.


Confianza

Abril, 1994

Caminabas tú en tu vida
erguida y orgullosa
como un mástil,
con los hombros en alto
como retando al viento.

Caminaba yo en mi vida
con la cara al suelo,
sin mirar de frente,
midiendo cada paso,
con miedo a caer,
con miedo al fracaso.

Caminando así, nos encontramos.
De mi senda levanté una rosa negra
para confundirla en tu cabello.
Por tu senda me llevaste de la mano
para caminar sin mirar al suelo,
sin temor y sin medir los pasos.


Alma

Agosto, 1994

Alma que ocupó mi alma.
Vida que vivió en mi vida.

Cabellos negros,
niña morena.
Labios de fuego,
risa trigueña.

Alma que gastó mi alma.
Vida que dolió en mi vida.

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Perfil

Octubre, 1996

Me exijo y me presiono,
me cerco y me vigilo
pero no resuelvo nada.
Sigo siendo el mismo tibio
que ni tapando todo el sol se calienta,
que ni deshecho en tus brazos blancos
tiene fe en la unidad de tu cariño inmenso.
Sigo siendo el mismo niño falso
que vendió su inocencia y sus juguetes
para entrar al establecimiento de prostitutas.
Sigo siendo el mismo desamparado
en mi estupidez de mueble cosquilloso,
hilarante víctima del plumero.
Me declaro perdido,
inútil a tu servicio o al mío.
Sigo siendo el mismo incompleto
que no tiene siquiera atole en las venas,
que no puede sostener tu amor o el mío.
Sigo siendo el mismo imbécil,
desagradable amigo, que no pone en claro nada
ni por tu bien ni por el mío.


Reencuentro

Podría hablarte –una vez más– dulcemente.
Anidar en tu oído y cantar esas palabras que enamoran.
Podría intentar, inútilmente, recuperarte.
Decir aquello no dicho antes.
Aceptar que de algún modo oscuro,
a pesar de tu filo y tu peligro,
te quiero y necesito.

Pero, ¿para qué, con cuál motivo,
actuar como hacen los arrepentidos?
Debemos saber que ya no podemos amarnos limpiamente.
Estamos sucios de duda y de suspenso.
Nuestro cariño es imposible y perfecto
como los unicornios o el olvido.


Casa de piedra

Lentamente tu amor me sigue.
Tu nombre apenas me hace compañía.
Eres la sombra de mi sombra.
Ángel de mi guarda,
no me desampares
ni de noche
ni de día.
Árbol, amor, primavera:
abrázame,
llena de sol mi alma,
mi soledad de flores,
y muere en mis brazos eternamente:
de polvo eres
y en piedra te convertirás
por siempre.


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