luis aura  •  poemas o menos

rara

octubre 1996

cuánta sensación de pérdida
puede disimular el ácido
sarcasmo que corroe algo más
que tu cuerpo frío y violento
absurdamente blanco
inesperadamente nuevo
reinaugurado por accidente
por no dejar
por recordar
las caricias
y el aliento
y el ritmo de aquel marinero
que quién sabe dónde está

cuántos tratados de metafísica
serán necesarios para entenderte
y descubrir por fin todo el atractivo
que por alguna razón encierras
y disfrazas seriamente de negro
o de ironía flexible
o de odio apuntalado contra el corazón

de quién carajo te defiendes
si ya nos venciste a todos
rehilete de furia
estrellamar rabiosa
y condenada
y sola


El amor de una mujer

Es tan satisfactorio
querer a una mujer
y que te quiera.

Es la auténtica fe,
ésa que dicen
mueve montañas,
ésa que dicen
nos acerca más a Dios.

Es tan satisfactorio
querer a una mujer.

Limpia tantas cosas
el amor de una mujer.

Es tan saludable
el amor de una mujer.

Te acostumbras tan fácil
al poder que pone en tus manos
el amor de una mujer.

Qué destructivo puede ser
el desamor de una mujer.

Cuántas cosas han de romperse con
el desamor de una mujer.

Cómo logra recuperarse el alma de
el desamor de una mujer.

Qué doloroso debe ser
regresar el equipo de ángel
porque ya no lo mereces y porque ya
no te quiere una mujer.

Por desgracia y orden natural,
nada dura para siempre,
ni siquiera
el amor de una mujer.


Bites

Tu boca abierta,
armada hasta los dientes,
caníbal.

Deja sobre mi piel
marcas de amor y ataque:
mordidas.


Fábula

Eres un bicho raro
Tan raro que quisiera que fueras mío
Tan bicho porque no lo eres

Extraño por tu felicidad absurda
Por tu belleza animal
Por tu peligroso nombre

Criatura de mis sueños
Mascota lunar
Unicornio del deseo

Tu sonrisa salvaje
es el gesto más tierno
de la quimera

Me embicha tu gata costumbre
El ronroneo suave y felino
de tu concupiscencia

Mi bicho, bichito mío
Tan raro porque no me quieres
Tan bicho porque yo te quiero


Triste

Septiembre, 1996

Atormentada y triste,
como las nubes grises
esperando a caerse en lluvia,
a deshacerse en llanto.

Funeraria y triste,
con tu boca transparente
sorbiendo la indecisa luz
de las desveladas veladoras.

Escondida y triste,
como un tesoro pirata
enterrado en la arena legendaria
de la Isla de La Muerte.

Adorable y triste,
como los nomeolvides
o las manzanas recién
lavadas en la ensalada.

Apasionada y triste,
irremediablemente triste,
vagabundamente triste
como un planeta solitario,
lunarmente triste
como los callejones y los gatos,
estrictamente triste
como una cuartilla a doble espacio,
triste, terriblemente triste
como mis manos sin ti, triste,
enamoradamente triste.


Mediasemana de impaciencia

Hoy no te veré.
Ni mañana
ni ayer tampoco.
Por qué
tanta impaciencia
ensuciándome
tan fácil el alma?
Voy a conseguirme
un simulacro tuyo
de la más alta tecnología:
un androide pequeñito
que te sustituya,
metafóricamente hablando,
en los días horarios
como éste,
que separan
a las personas buenas
como nosotros:
amantes, novios, asalariados.

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Solo

Abril, 1994

Solo,
retando a mi imaginación para olvidarte,
buscando en la soledad lo que impida recordarte,
gastándome la vida para dejar de amarte.

Solo,
navegando en la angustia de mi dolor,
contando estrellas que saben a lágrimas,
cantándole al pasado canciones de amor.

Solo,
viviendo con esta tristeza que me domina.

Solo,
recorriendo llanuras de odio y decepción.

Solo,
negando la compañía de tu recuerdo.

Solo,
sintiendo el vacío que dejó tu adiós.


Hogar

Octubre, 1996

Ahí estabas tú,
hecha de todas las preguntas
y todo el humo del meteoro,
y de toda la incertidumbre
que se come a cucharadas.

Ahí estabas tú,
bailando definitiva
en el filo de la espada,
o en la cornisa del viejo
edificio desmoronado.

Siempre habías estado ahí,
contra la columna del tornado
sosteniendo la casa:
escuadra, pilar, viga,
construcción abandonada.

Siempre habías estado ahí
y yo no me daba cuenta,
o no quería darme cuenta.
Me acostumbré tanto a ti:
hogar, vaso de agua, cama lenta.


Nada

1
Bendice siete veces al Diablo.
Maldice siete veces a Dios
y no pasa nada.

Rompe los espejos de tu casa.
Tira sudor o sal por la ventana
y no pasa nada.

Camina desnudo por la calle.
Viola a un niño o una mujer
y no pasa nada.

Destruye, no te detengas, mata.
Olvida tu condición humana
y no pasa nada.

Revienta a gritos.
Explota en sangre.
Muere poco a poco
y no pasa nada.

2
No pasa nada
porque todo pasa
y permanece
en la materia de las cosas,
en los poros de la piel,
en las manos, en los pies,
en el sexo que acaricias
a escondidas
bajo las sábanas.

3
No pasa nada:
los ahogados y los ciegos nunca vuelven a ver el sol,
el dolor de los condenados hace crecer las alas de los ángeles
así como la luna hace crecer las olas y el cabello recién cortado de las mujeres,
amanece el mar sobre los hombros de la que amo
y todo pasa:
mueren las golondrinas de noche y frío,
las rosas rojas cobran su cuota de ruiseñores,
y la soledad, esa soledad después de su presencia,
esa soledad tan natural, tan controlada,
me dice que no estoy solo
y todo pasa,
todo.


Reencuentro

Podría hablarte –una vez más– dulcemente.
Anidar en tu oído y cantar esas palabras que enamoran.
Podría intentar, inútilmente, recuperarte.
Decir aquello no dicho antes.
Aceptar que de algún modo oscuro,
a pesar de tu filo y tu peligro,
te quiero y necesito.

Pero, ¿para qué, con cuál motivo,
actuar como hacen los arrepentidos?
Debemos saber que ya no podemos amarnos limpiamente.
Estamos sucios de duda y de suspenso.
Nuestro cariño es imposible y perfecto
como los unicornios o el olvido.


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